
La noche que parecía brillar con la alegría característica de Rubí Pérez, quien con sus éxitos musicales lograba cautivar a un público entregado en el legendario Jet Set, se transformó en un momento de tragedia y luto para la República Dominicana. En medio de la celebración, bajo un techo que cobijaba sueños y risas, ocurrió lo inesperado: el colapso estructural que sepultó esperanzas y dejó una nación entera consternada.
Las imágenes de esa noche difícilmente se borrarán de la memoria colectiva. El público, absorto en la música y la magia del momento, no podía imaginar que la fatalidad acechaba desde arriba. Hoy, las condolencias más sentidas acompañan a los familiares de las víctimas, cuyo dolor solo puede ser comprendido por quienes han enfrentado pérdidas irreparables.
En medio de la incertidumbre, mientras algunos aún permanecen desaparecidos bajo los escombros, queda la fe en Dios como refugio y consuelo. La República Dominicana, siempre resiliente, hoy llora pero también se une en oración y solidaridad. Esta tragedia nos recuerda lo frágil que puede ser la vida y lo importante que es cuidarnos unos a otros.
Que las almas de los fallecidos descansen en paz, y que sus familias encuentren fortaleza en medio del dolor. Pedimos por la protección de nuestra patria y por la sabiduría necesaria para evitar que tragedias como esta vuelvan a ocurrir.
Dios tenga el control, y que su luz guíe nuestros pasos en estos momentos de angustia. ![]()
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